La vid ha sido durante siglos un cultivo básico en todo el Mediterráneo, y no puede sorprender la tradición de su cultivo en amplias zonas de Aragón, donde las condiciones climáticas, la concurrencia de otros cultivos o el retroceso de la agricultura a lo largo del siglo pasado han impedido alcanzar el desarrollo que distingue a las zonas reconocidas con Denominaciones de Origen.
Para reconocer a estos vinos obtenidos en territorios concretos, existe la figura de los Vinos de la Tierra, con la que se distingue el trabajo de unos agricultores y unas bodegas que han mantenido unos vinos con características propias.
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Actualmente este título reconoce seis zonas, repartidas entre las tres provincias aragonesas: Valle del Cinca, Ribera del Gállego-Cinco Villas, Bajo Aragón, Ribera del Queiles, Valdejalón y Valle del Jiloca.
Estos vinos guardan gratas sorpresas para los consumidores, ya que todos resaltan por su tipicidad y sus posibilidades de desarrollo: las variedades de uva utilizadas, las condiciones de cultivo o su elaboración artesanal son causas de que estos vinos sean nuevos territorios por los que todo buen aficionado disfrutará adentrándose. |