En diferentes lugares de Zaragoza, la crianza de uva blanca de la variedad macabeo y la existencia de dinámicas bodegas tuvo una lógica consecuencia: la tradición en elaborar vinos espumosos siguiendo el llamado “méthode champenoise”. Así que cuando la Comunidad Europea reconoció y protegió la especifidad de estos vinos en 1986, estos municipios se incluyeron en lo que hoy es la Región del Cava.
A pesar de que el núcleo de la producción se concentra en la provincia de Barcelona, el Consejo Regulador Cava certifica vinos elaborados en siete comunidades autónomas; en Aragón controla el trabajo de los viticultores de dos municipios y cinco bodegas, con una producción total de 600.000 botellas.
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El sello de la Denominación Cava garantiza que estos espumosos se han elaborado siguiendo el método tradicional, y que la segunda fermentación del vino base ha tenido lugar en la propia botella, con un periodo mínimo de estancia en las cavas subterráneas de nueve meses.
Luego, las condiciones propias de los viñedos aragoneses, como un clima más frío, se suman al toque personal de los enólogos, para dar como resultado unos cavas con matices peculiares, que les dan su propia personalidad. |